Top 20
6. Osaka

Osaka lleva décadas afinando el lenguaje nikkei en Perú y, en Quito, encuentra nuevos acentos. Las visiones japonesa y peruana se cruzan con el paiche amazónico, frutos endémicos como el taxo, el cacao o el aguaymanto: una experiencia de cocina, barra, diseño y música cosmopolita y pulida que consigue pertenecer a una marca global sin sentirse ajena al lugar que ocupa.
7. Marrecife

A casi veinte años de su apertura, Marrecife sigue vigente. Iván Grain parte de una cocina marinera que conoce de memoria para llevarla hacia lugares cada vez más personales. Ceviches y arroces mixtos conviven con róbalo al carbón con maní, coco y chillangua en una carta donde tradición y curiosidad tienen el mismo peso. Pocas mesas expresan con tanta naturalidad la relación que existe entre Guayaquil y el mar.
8. Clara

En Clara, Felipe Salas, Ana Lobato y Ángel De Sousa pasan la cocina ecuatoriana por tres filtros del más alto calibre. Su inventiva nos lleva de albacora ahumada con leche de tigre de maní a un tartar de res con mashua y tuétano. Una sala con pulso propio completa un restaurante donde rara vez llega a la mesa lo que uno espera.
9. Le Bistró

Sebastián Borja cocina como quien conoce bien las reglas y puede dejar de preocuparse por ellas. En Le Bistró hay escargots, pâté y steak-frites, pero también curry thai y wontons de pato, unidos menos por una bandera que por técnica y buen gusto. El resultado tiene algo difícil de fabricar: una cocina con oficio, apetito y una personalidad inmediatamente reconocible.
10. Banh Mi

Wok, curries, kimchi, parrilla coreana, baos y sabores que recorren el continente asiático conservan sus referencias clásicas al mismo tiempo que encuentran nuevos acentos en la despensa nacional. Los platos mantienen sofisticación sin perder jamás el picante, la irreverencia y la diversión del chef Felipe Salas. Una cocina viajada que en Quito se siente perfectamente en casa.




